15 de mayo

Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo,
sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,
llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.

Vicente Aleixandre, “En la plaza”

Yo vivía en un estanque. Era pequeño y circular y daba vueltas en él, con la ilusión de estar nadando en el mar. Había muchos como el mío, unos eran más grandes, otros más pequeños. Quienes vivíamos en ellos pocas veces nos dirigíamos la palabra: cada cual pensaba ingenuamente que la luna dormía en su estanque y con este secreto imposible nos bastaba.

Unos cuantos prosperaron y construyeron albercas; los más afortunados se hicieron piscinas, hasta hubo quien se costeó un lago artificial con cisnes de cartón plastificado y pico de látex. Otros cayeron en desgracia, tuvieron que vender sus estanques y se fueron a vivir a charcos, en los que chapoteaban sorteando su infortunio. Pude observar que cuando se construía una bonita piscina aparecían más charcos, pero no dije nada. Nadie decía nada.

Un día, empezó a llover. No paraba, siguió lloviendo durante semanas. Los estanques comenzaron a desbordarse, sus límites a perderse: pronto, todos nadábamos en una misma corriente de agua infinita. Nos mirábamos confundidos “¿qué está pasando?”, decíamos. Hasta que al fin, lo comprendimos. No víviamos en estanques, estábamos estancados. Fue la lluvia la que nos hizo recordar que estábamos juntos y revueltos, que éramos gotas de una misma corriente. Estábamos unidos y no nos podíamos quedar quietos.

Ahora somos un río.


(Fotografías de Sandra Lara y Carlos Bolívar)

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2 Comentarios

  1. Nuria Cabello

    26 mayo, 2011 at 22:41

    Qué placer es poder fluir como el agua de un río sorteando los peligros de ser llevados por la corriente.

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