Categoría: los placeres y los días (página 1 de 4)

P. Dante fofucho

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Raquel Caro, mujer de mente despierta y manos escultóricas, desarrolla su creatividad entre otras facetas a través de Myminiyou,  un universo variopinto de deseos cumplidos, porque cualquier cosa que imagines o quieras representar lo hace Raquel a través de sus figuras. Prueba y encárgale lo que quieras o lo que quieras regalar: acertarás sin duda.

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Fruto de su arte, nació el primer P Dante en tres dimensiones, acompañado por un MiniYo, ambos sobre el reloj de Érase una vez el hombre con el año de la aparición del libro Las aventuras del Dr. P. Dante.

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Asi, el dibujo de Pío Vergara salió del libro para colocarse en una estantería y el escritor quedó congelado en ese punto de satisfacción ensoñada. Vamos, una preciosidad.

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Muchas gracias a Raquel por su talento y a María por su regalo. Sois lindas.

#Fragilidad

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#Fragilidad es una apuesta escénica arriesgada e intensa.  No deja un centímetro de aire vacío; se respira la rabia, la razón, el desamparo. Sobrecoge, comunica e incomoda: es representación purísima de un grito que traspasa el alma. Es teatro.

Las palabras y el desespero de Emilia son un hallazgo de la dramaturga y la actriz, que nos situan en el laberinto cruel donde tantísimas sociedades patriarcales encierran a la mujer desde siglos. Y así, el personaje secundario de Otelo -un acierto haber construido la obra desde Emilia y no desde Desdémona- se hace principal, desborda, explota.

La puesta en escena es sobria, sin concesiones a la distracción. La interpretación de Alessandra García arranca alto y se mantiene, sin conceder tregua. El texto se derrama e inunda al público, que asiste a una denuncia de la brutalidad y el sinsentido de la opresión, del asesinato infame que no recibe castigo ni reparación. Y aquí la vigencia de Shakespeare que Alessandra y Cristina nos muestran: si callamos, si no actuamos, somos cómplices de los Yagos: de los estómagos que devoran mujeres.

#Fragilidad, con texto de Cristina Consuegra e interpretado y dirigido por Alessandra García; pudimos ver ayer su estreno en el ciclo Anverso/Reverso dentro de la programación del Festival de Teatro de Málaga 2016.

Las cartas sobre la mesa

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Es verdad que hay muchos tipos de cartas, como también hay muchos tipos de escritores. Leerlas y conocerlos es uno de los placeres más grandes de la vida.

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Tengo la suerte de dedicarme a lo que me gusta: escribir y enseñar. Lo solitario de lo primero lo equilibro con lo colectivo de lo segundo; no sabría vivir si me quitaran una de las dos cosas, sería como vivir en una noche eterna o un día sin fin.

Cuando escribo, me sumerjo en mí mismo; cuando imparto talleres de escritura o doy clases de español, me zambullo en los demás. Es una experiencia fantástica que alguien te deje nadar en sus aguas y también una responsabilidad: como viejo lobo de mar que comienzo a ser -los cincuenta ya asoman por mi carné de identidad- le tengo respeto a los mares ajenos, a los océanos de los demás, respeto que procuro no sea paralizante, si no que poco a poco se convierta en complicidad, en cercanía. Porque todo el mundo tiene cofres y corales en su fondo marino y me siento un privilegiado por acompañar a las personas a explorarlos, a sentirme tan libre como ellos, a sufrir sus tempestades y naufragios y  a alegrarme de sus descubrimientos y viajes.

A veces, estar personas te sorprenden, te emocionan. Sin pedirte permiso cambian las reglas del juego y se sumergen en ti. Y así,  Nico, Marga, Ana, Cristina y Amor, Carmen, Mª Jesús, Pilar y José Luis me escriben unas cartas. A mano, o mejor dicho, con el corazón en la mano. Mejor dicho aún: con mi corazón en su mano.

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Qué cosa tan estupenda es recibir una carta. Es un beso de tinta, un abrazo disfrazado de rectángulo. Elegante y personal. Cercano e imborrable.

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Decía Fernando Pessoa aquello de que todas las cartas de amor son ridículas, pero no hay nada más ridículo que no haber escrito nunca una. De amor o de amistad, hay que escribirlas. Y por supuesto, recibirlas.

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Por si fuera poco hoy, uno de enero de 2016, subo mi post número cien al blog de esta forma tan especial, tan inesperada y emotiva.

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Gracias por este precioso regalo. Por compartirme y compartirnos.

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(Baraja literaria de Nórdica Libros, ilustraciones de Fernando de Vicente)

Cuento de Navidad

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Para Amor, en su cumpleaños.

Se había vuelto a poner de moda invitarlos a la mesa en Nochebuena. Algunos avispados idearon un negocio basado en un sistema de selección por el cual se podía traer a casa un pobre con aceptables garantías de higiene y una más que razonable conversación.

–¿Siempre ha sido así? –le preguntó.
–No, antes tenía una casa y un trabajo.
–Vaya. ¿Y qué le pasó, si no es indiscreción?
–Nada.
–Hombre…
–Se lo aseguro. De un día para otro, perdí el trabajo y me quitaron la casa.
–¿En qué trabajaba usted?
–Diablo tentador.
–¿Compraba almas a cambio de deseos?
–Algo así. Pero deseos pocos: me pedían cheques. En blanco.
–¿Y usted los daba?
–Claro. Era mi trabajo. Bastante aburrido, pero tenía complementos por productividad. Y salario base.
–¿Qué hacía con las almas?
–Las metía en un maletín y las llevaba a la oficina. Me adelanto a su pregunta: jamás supe que hacía el jefe con ellas. Las guardaba en un pequeño armario; nosotros le decíamos “el almario”.
–Eso es gracioso. ¿Un poco más de vino? ¿Quiere probar la langosta?
–Vino sí, gracias. Dígame, ¿le gustaría vender su alma? Le puedo recomendar.
–Se lo agradezco, pero tengo mucho dinero. A veces pienso que demasiado, no quiero más.
–También puede pedir ser inmortal.
–¿Eso funciona?
–Por supuesto; tengo setecientos cuarenta y ocho años y tan fresco.
–¡Es verdad, qué bien se le ve! ¿Nadie pide eso en vez de dinero?
–Pues no. En mil quinientos años, yo fui el único que solicitó la inmortalidad.
–¿Cómo siendo inmortal no es el dueño del mundo?
–¿Para qué? Cuando tienes tanto tiempo, el poder te es indiferente. Eres como un árbol, todo va más lento. Eso sí, la ventaja es que te puedes desplazar. Me encanta viajar. Y colecciono besos. El resto da igual.
–No hay color: yo prefiero tener mucho dinero y morirme con el gusto de ser rico.
–¿Ve? Por eso nadie quiere vivir para siempre.
–¿Abrimos el champán?

Fotografía de Nedim Chaabene, “Sumit Ghosh

BrunchIT, un italiano natural

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Que algo pasa en Málaga es cada vez más evidente.  Para lo bueno y para lo regular; incluso para lo excelente. BrunchIT (calle Carretería, 46) lo podemos encuadrar en esta última categoría.

Este local de reciente inauguración parece marcar  una tendencia que está tomando forma en la ciudad: la de pensar en un tipo de restauración que no sea sólo para sentar turistas, Y así, entre tropocientos bares de spanish tapas, los mil y un kebabs y las franquicias tristes como Tragatapas o el Mercado Provenzal surgen locales originales, con filosofía propia y una apuesta personal. ¿Suena bien? Pues os aseguro que sabe mejor.

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