Categoría: El poeta vegeta

Macrodulces La Espiral, las tartas más felices del mundo

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Málaga es un lugar privilegiado: tenemos buen tiempo, playas, naturaleza y una población multicultural y variopinta: ahora, tenemos también Macrodulces La Espiral , la primera pastelería macrobiótica, vegana y ecológica de España, donde elaboran repostería sin huevos, azúcar, leche, miel, sirope de ágave o grasa animal. Un lujazo para nuestros paladares :-)

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Susana y Eva Gómez Moreno son las personas que están detrás de este delicioso proyecto y con ellas tuve la oportunidad de conversar una tarde. Con la compañía de un bizcocho y una bebida de cereales tostados, conocí con detalle lo que hay detrás de esta coqueta y sana pastelería, el yin y el yang que sustentan a Macrodulces La Espiral.

Susana es el yang: la sabia de mente inquieta.  Susana es economista y unos problemas de salud le llevaron a indagar sobre nutrición y alimentación; descubrió que al eliminar carnes, lácteos, azúcar y alimentos refinados su salud mejoraba mucho. Tras probar varias escuelas o tendencias de la llamada comida sana se decantó por la macrobiótica y decidió profundizar en el tema y más tarde formarse en centros como la Escuela de Vida (Madrid), Escuela Baoshi (Sevilla) y el Instituto Macrobiótico de España (Valencia), además de un sinfín de cursos y talleres a los que asiste para renovar sus conocimientos. Este afán por conocer y formarse de Susana le otorga a La Espiral una sólida base de conocimientos, una garantía de seriedad y compromiso con el sentido más profundo de dedicarte a elaborar alimentos equilibrados y sanos.

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De la elaboración de las riquísimas especialidades de La Espiral se encarga Eva, energía yin, la alquimista de manos mágicas que maneja el horno -aquí no hay microondas-, prepara las masas y alienta a las excelentes materias primas de La Espiral -ecológicas y de primerísimas marcas- a dar lo mejor de sí mismas. Eva es ceramista y tras más de una década de experiencia centrada en la creación de piezas artísticas y la docencia, se acercó primero al yoga y luego a una forma de comer más consciente: el cambio que vio en la salud de Susana le acabó de convencer de la necesidad de nutrirse de un modo más adecuado. Fue una transición curiosa y sorprendente pasar de un horno de cerámica a uno de repostería, la creatividad tiene muchos caminos y un tiramisú o una tarta de manzana de La Espiral son auténticas obras de arte; no sólo están deliciosos, también son una preciosidad. La repostería de La Espiral te la comes con los ojos, la saboreas con la boca y tu cuerpo te lo agradece: es felicidad comestible.

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Para las personas que no se crean que dulces, tartas y bizcochos horneados sin mantequilla, huevos, azúcar o leche están no sólo buenos si no además buenísimos, les invito a que hagan la mejor de las pruebas: pasarse por La Espiral (calle Dos Aceras, 24) y que juzguen por ellas mismas. Hoy en día, en España, no hay un establecimiento igual ni productos parecidos, este tipo de locales suelen encontrarse  en los barrios más cool  de Londres, Tokio o New York. Pues ea, en el centro de Málaga, entre la Plaza de la Merced y calle Carretería, la tenéis a vuestra disposición.

Repostería macrobiótica, artesanal, vegana y ecológica. ¿Te la vas a perder?

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BrunchIT, un italiano natural

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Que algo pasa en Málaga es cada vez más evidente.  Para lo bueno y para lo regular; incluso para lo excelente. BrunchIT (calle Carretería, 46) lo podemos encuadrar en esta última categoría.

Este local de reciente inauguración parece marcar  una tendencia que está tomando forma en la ciudad: la de pensar en un tipo de restauración que no sea sólo para sentar turistas, Y así, entre tropocientos bares de spanish tapas, los mil y un kebabs y las franquicias tristes como Tragatapas o el Mercado Provenzal surgen locales originales, con filosofía propia y una apuesta personal. ¿Suena bien? Pues os aseguro que sabe mejor.

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La era de la Carne

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En el artículo La Era de la Carne (las mayúsculas no son mías) que se ha publicado en El País recientemente, el escritor argentino Martín Caparrós habla sobre el consumo de carne (yo lo haré con minúsculas, si no os importa) a propósito de la furibunda polémica que se ha producido en los medios de comunicación y en las redes sobre el anuncio de la Organización Mundial de la Salud sobre que la carne roja y la procesada son potencialmente cancerígenas.

El artículo no sorprende por la novedad de sus argumentos, desde luego; es más, consolida lo que se puede leer sobre este asunto desde siempre, sólo que parece que Martín Caparrós ha tenido la ocurrencia de nombrar a nuestra época como “La Era de la Carne” (insisto, las mayúsculas son suyas) y le ha parecido algo tan definitivo y rompedor que ha tomado de aquí y de allá unos cuantos datos para que el mundo se entere de lo ingenioso que es. También podría decirse que el autor de Hambre se considera un experto en la materia y quiere compartir lo mucho que sabe, pero eso nos llevaría a pensar que este artículo es una promoción encubierta de su libro y aunque sea de lo más legítimo hacer estas cosas, no por ello es un poco penoso tener que recurrir a esos trucos para vender unos ejemplares más.

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Cerdos con alas, mariposas de papel

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Cuentan que los restaurantes, tal y como se conciben hoy en día, surgieron tras la Revolución Francesa. Los cocineros que preparaban festines para los nobles se quedaron sin trabajo y ante este contratiempo no perdieron la cabeza, como sus antiguos jefes: resolvieron ofrecer ese servicio esmerado y ostentoso a la nueva clase dirigente, la burguesía.

Entonces, trasladaron la parafernalia hueca y el vocabulario rococó a espacios de silencios perfectos y ordenados; sobre todo eso, con mucho orden. Porque organizaron las cocinas como cuarteles militares, con disciplina férrea. Eso que tanto gusta en programas de cocina y de enfados, subidas de tono y exigencias dementes. Crearon un universo neurótico y excesivo, recrearon el status de los nuevos ricos, el decorado ideal para creerse duques de Loquesea durante unas horas. Y sin el peligro de la guillotina. Una vez más, todo cambió para permanecer igual.

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