Categoría: polen polémica

La era de la Carne

la era de la carne

En el artículo La Era de la Carne (las mayúsculas no son mías) que se ha publicado en El País recientemente, el escritor argentino Martín Caparrós habla sobre el consumo de carne (yo lo haré con minúsculas, si no os importa) a propósito de la furibunda polémica que se ha producido en los medios de comunicación y en las redes sobre el anuncio de la Organización Mundial de la Salud sobre que la carne roja y la procesada son potencialmente cancerígenas.

El artículo no sorprende por la novedad de sus argumentos, desde luego; es más, consolida lo que se puede leer sobre este asunto desde siempre, sólo que parece que Martín Caparrós ha tenido la ocurrencia de nombrar a nuestra época como “La Era de la Carne” (insisto, las mayúsculas son suyas) y le ha parecido algo tan definitivo y rompedor que ha tomado de aquí y de allá unos cuantos datos para que el mundo se entere de lo ingenioso que es. También podría decirse que el autor de Hambre se considera un experto en la materia y quiere compartir lo mucho que sabe, pero eso nos llevaría a pensar que este artículo es una promoción encubierta de su libro y aunque sea de lo más legítimo hacer estas cosas, no por ello es un poco penoso tener que recurrir a esos trucos para vender unos ejemplares más.

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Cerdos con alas, mariposas de papel

diverxo

Cuentan que los restaurantes, tal y como se conciben hoy en día, surgieron tras la Revolución Francesa. Los cocineros que preparaban festines para los nobles se quedaron sin trabajo y ante este contratiempo no perdieron la cabeza, como sus antiguos jefes: resolvieron ofrecer ese servicio esmerado y ostentoso a la nueva clase dirigente, la burguesía.

Entonces, trasladaron la parafernalia hueca y el vocabulario rococó a espacios de silencios perfectos y ordenados; sobre todo eso, con mucho orden. Porque organizaron las cocinas como cuarteles militares, con disciplina férrea. Eso que tanto gusta en programas de cocina y de enfados, subidas de tono y exigencias dementes. Crearon un universo neurótico y excesivo, recrearon el status de los nuevos ricos, el decorado ideal para creerse duques de Loquesea durante unas horas. Y sin el peligro de la guillotina. Una vez más, todo cambió para permanecer igual.

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