diverxo

Cuentan que los restaurantes, tal y como se conciben hoy en día, surgieron tras la Revolución Francesa. Los cocineros que preparaban festines para los nobles se quedaron sin trabajo y ante este contratiempo no perdieron la cabeza, como sus antiguos jefes: resolvieron ofrecer ese servicio esmerado y ostentoso a la nueva clase dirigente, la burguesía.

Entonces, trasladaron la parafernalia hueca y el vocabulario rococó a espacios de silencios perfectos y ordenados; sobre todo eso, con mucho orden. Porque organizaron las cocinas como cuarteles militares, con disciplina férrea. Eso que tanto gusta en programas de cocina y de enfados, subidas de tono y exigencias dementes. Crearon un universo neurótico y excesivo, recrearon el status de los nuevos ricos, el decorado ideal para creerse duques de Loquesea durante unas horas. Y sin el peligro de la guillotina. Una vez más, todo cambió para permanecer igual.

Claro está, en esos lugares magníficos no hay sitio para palabras como crueldad o sufrimiento. A los cerdos no les degüellan, desangran y descuartizan, les salen alas. Las mariposas son símbolo de la libertad del creador, en lejano -y oculto- contraste con la prisión de los animales dispuestos al sacrificio. (A quién le importa que los terneros estén encerrados lo poco que pasan de vida en jaulas mínimas cuyos barrotes de hierro han pintado para que no puedan lamer el hierro de su propia prisión y así obtener una carne más blanca. Todo eso no existe ¡son exageraciones! o peor aún, no es siquiera moderno: es aburrido).

Y la gente peregrina a sitios así, como por ejemplo a DiverXo, donde los platos obtenidos con productos elaborados tras refinadas técnicas de tortura a otros seres vivos se llaman lienzos. Qué bonita es esa palabra, ¿verdad? Lienzo. ¿Cómo puede haber algo malo en algo tan hermoso? Venga, no seamos aguafiestas y gocemos de un banquete pictórico y genial. Y que vivan los cerdos con alas y que mueran los que tuvieron la mala suerte de no ser tan mágicos y simpáticos. Aunque los primeros no existan y los segundos hayan dejado de existir.

Eso sí, para convertirse en lienzos.

(puedes seguirme en El Vegeta Poeta).

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