Horrores varios de la estupidez actual: muñecas diabólicas

lasbarbiesexisten

A mí me lo ponen fácil: a las niñas que por todo el mundo compran estas muñecas y que unos años más tarde acudirán a los centros comerciales, se lo ponen muy difícil.

Uno piensa en hacer un estudio sobre lo que miden el perímetro de los brazos de las Monster High y hacer una comparación con las medidas normales de las niñas y a su vez relacionarlo con fotos espantosas de modelos maquilladas como puertas, con poses cadavéricas y miradas vacías y nada más entrar en internet me encuentro con esto, un artículo del País SModa, que mientras critica (las cursivas son mías) a las muñecas escuálidas, ponen a izquierda y derecha un anuncio de Mango, Zara o H&M (no distingo entre esos tres entes-creadores-de-complejos-para-vender-más) y hala, me hacen el artículo. Sé que la publicidad en internet va cambiando y por eso hice una captura de pantalla de este momento tan paradójico.

Mirad la imagen.  Es terrible: no se sabe dónde empieza el plástico y donde acaba la manipulación. Parafraseando el párrafo final de Rebelión en la granja de Orwell,  pasamos la mirada de la muñeca a las modelos y de las modelos a la muñeca, y nuevamente de la muñeca a las modelos; pero ya es imposible discernir quién es quién.

No sé por qué nos extrañamos si pasa lo que pasa: si ponemos a combatir a legiones de ejecutivos sin escrúpulos, sicólogos infames y publicistas sin conciencia con la mente de una niña de cinco o seis años, el resultado se llama anorexia, bulimia o baja autoestima; aunque para eso, también se sacan pastillas. La banca siempre gana.

Además, se lo ponemos fácil: si alguien protesta es políticamente correcto, enemigo de la libertad de empresa o te dicen eso de ¿qué pasa, no te gustan las mujeres guapas? Como si ser guapa fuera lo único que puede atraer de una mujer, como si gustarte la realidad fuera un delito: como si las mujeres y las muñecas fueran una misma cosa.

Sobre todo, se olvida lo esencial: una persona -niña, mujer, hombre o niño- es más guapa cuanto más feliz es. No hay nada más bonito que una sonrisa. Lo que pasa es que no saben cómo venderla: lo intentan pero no pueden. Por eso, crean muñecas de plástico y las venden como rosquillas. Pero no, no comas tantas que no podrás ser como ellas y como no puedes ser como ellas comerás más rosquillas y comprarás una muñeca para querer parecerte a ella. Y la tele, internet, las tiendas nos lo ponen fácil para ser cada día un poco más tristes y comprar rosquillas y muñecas y ropa que nos hagan olvidar lo infelices que somos.

george-orwell-la-libertad

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1 Comentario

  1. José Maria Sánchez

    15 diciembre, 2015 at 11:18

    Muy bien explicado, clarisimo texto. Y como padre de dos niñas, que no muñecas, me siento muy identificado. Gracias Augusto !

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