la era de la carne

En el artículo La Era de la Carne (las mayúsculas no son mías) que se ha publicado en El País recientemente, el escritor argentino Martín Caparrós habla sobre el consumo de carne (yo lo haré con minúsculas, si no os importa) a propósito de la furibunda polémica que se ha producido en los medios de comunicación y en las redes sobre el anuncio de la Organización Mundial de la Salud sobre que la carne roja y la procesada son potencialmente cancerígenas.

El artículo no sorprende por la novedad de sus argumentos, desde luego; es más, consolida lo que se puede leer sobre este asunto desde siempre, sólo que parece que Martín Caparrós ha tenido la ocurrencia de nombrar a nuestra época como “La Era de la Carne” (insisto, las mayúsculas son suyas) y le ha parecido algo tan definitivo y rompedor que ha tomado de aquí y de allá unos cuantos datos para que el mundo se entere de lo ingenioso que es. También podría decirse que el autor de Hambre se considera un experto en la materia y quiere compartir lo mucho que sabe, pero eso nos llevaría a pensar que este artículo es una promoción encubierta de su libro y aunque sea de lo más legítimo hacer estas cosas, no por ello es un poco penoso tener que recurrir a esos trucos para vender unos ejemplares más.

Repasemos el artículo: primero, la teoría de que los seres humanos aumentamos nuestra capacidad como especie por comer carne; luego pasa a describir por qué la producción de carne es injusta e insostenible ―para los personas, no para los animales―  y finalmente reduce el movimiento vegetariano/vegano a unas cuantas personas ricas de barrios cool para concluir proclamando que sí, que la carne está buena y nos ha hecho más inteligentes, pero que no se puede sostener su consumo para toda la humanidad y que acabará por desaparecer la costumbre de comerla a diario.

No voy a entrar a cuestionar lo que se dice en el artículo; cansa mucho el alud de textos simétricos, semejantes, en los que se justifica el consumo de carne con argumentos prehistóricos (parece que nadie se da cuenta de que nada de eso está probado, que es purísima historia ficción, pero ya hablaremos de eso en otro post) y se ridiculiza a la filosofía vegana, tildándola de moda exclusiva sólo válida para gentes ricachonas y neohippies. Es más de lo mismo, aunque al menos a Martín Caparrós hay que reconocerle que escribe bien y usa un lenguaje no sexista, cosa que es de agradecer.

Lo increíble es lo que no está en el artículo, lo que no aparece ni por asomo: el sufrimiento animal. Se analizan el origen, las causas y los efectos de comer carne pero no hay ninguna palabra que se refiera a la cruel realidad que esconde la Carne Con Mayúsculas. Ninguna referencia a sus quejidos, a su dolor, a su cosificación, a pasar de ser vivo a fábrica de proteínas para la especie superior.

Porque la sociedad es así, oculta el sufrimiento de los animales de muchas formas: con envoltorios llamativos, anuncios simpáticos y artículos bien escritos. Ya es hora de que empiece a cambiar esto, de destapar el horror silenciado que hay en frases como las que escribe Martín Caparrós en este artículo: “comerse un buen bife/chuletón/bistec, un gran trozo de carne, es una de las formas más eficaces de validar y aprovechar un mundo injusto.”

Sí, señor Caparrós, muy pero que muy injusto. Porque detrás de ese “gran trozo de carne” está el sufrimiento de millones de seres vivos. Un padecimiento invisible, casi diríase que no existe.

Pdta: repasando el TL de M. Caparrós me encuentro con esto:

tweetcaparros

Vale. Pobre hombre, se le ha llenado el twitter de “veganos pro-animales” ¿¿hay veganos anti-animales?? pero que no se preocupe nadie: por si algún infeliz se había creído eso de que se puede vivir sin comer carne,  Martín Caparrós  nos salva de esa horda de adinerados malintencionados los veganos pro-animales esos, revelándonos que ser vegetariano es un invento de los ricos para que los pobres no coman carne.  Y no se olviden de comprar su libro al salir, gracias.

(puedes seguirme en El Vegeta Poeta).

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