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Cani´s corner

Era el anochecer de uno de los últimos días del agosto más triste de mi vida. Había hecho mucho calor y volvíamos María y yo de dar un paseo por la playa. Entonces, lo vimos. Casi no se distinguía ya: un bultito grisáceo junto a la esquina trasera del ayuntamiento. Parecía muerto.

María insistió en comprobarlo. Con muchísimo cuidado –y el íntimo convencimiento de que no iba a servir de nada– lo toqué con el pie. Esperaba encontrarme un cuerpo inerte, del que ya se ha ido la vida. El pajarillo se movió levísimamente, temblequeando. Nos miramos sorprendidos; María se agachó y lo acarició. Volvió a temblar y movió un ala. Con delicadeza, lo acogió en su regazo y seguimos caminando. Ahora, éramos tres. Seguir leyendo

Piccolo teatro

Piccolo Teatro, de Augusto López. Prólogo de Rafa García. Portada de Pachi, contraportada de Daniel Garralón. Con 50 ilustraciones originales de Pío Vergara, Pachi y Daniel Garralón.

Inspirado en el teatro de objetos y en la farsa, Piccolo Teatro es una colección de doce piezas cortas concebidas para ser representadas en casa con elementos cotidianos, para diversión de familiares y amistades.

Puedes adquirir un ejemplar pinchando aquí.

A continuación, podéis ver el vídeo de la presentación, cortesía de Gabriel Vargas Zapata, con la actuación de Tal Teatro y las fotografías de José Manuel Zapico:

El soldado valiente

Había una vez un soldado muy cobarde, aunque todos pensaban que era muy valiente, ya que cuando divisaba al enemigo corría tantísimo que recorría el mundo entero; de este modo llegaba hasta las espaldas del ejército adversario que, sorprendido por la maniobra, se rendía.

Su general le había dado ya cien medallas y el rey se estaba pensando en darle la mano de su hija –bueno, la mano y todo lo demás–, porque nadie podía concebir hombre más temerario ni guerrero más aguerrido. La princesa era una mujer de gran carácter, que rechazaba y se burlaba de todos los príncipes que la pretendían; por eso el rey pensaba que ante el Soldado Valiente –¡sí, así le llamaban!–, no podría evitar caer enamorada y él por fin tendría nietos a los que iría a visitar los domingos y no una hija que, de lunes a sábado, se reía de todos los pretendientes y de las barbas de su padre. ¿Qué hacía la princesa los domingos? El rey no lo sabía, nunca lo había averiguado; para un día que le dejaba tranquilo… Seguir leyendo