
Cuando publicamos por primera vez Crónicas Malacitanas en El Observador, no imaginábamos que aquel experimento terminaría convirtiéndose en una pequeña saga.
Lo que nació como un homenaje travieso a Crónicas marcianas de Ray Bradbury y a las aventuras del inolvidable Ijon Tichy, del amigo Stanislaw Lem, pronto se transformó en algo propio: un universo en el que la Málaga contemporánea se mezcla con lo cósmico, lo absurdo y lo entrañable.

Los orígenes
La premisa original era tan sencilla como delirante: un marciano llega a Málaga con una misión … y para pasar inadvertido decide hacerse pasar por turista. Así apareció Tichy, nuestro héroe improbable, un extraterrestre que aprende a sobrevivir en una ciudad llena de espetos, atardeceres en el Muelle Uno y cafés que parecen saber demasiado sobre el destino del universo.
Aquel arranque lo escribimos Dani y yo (con la colaboración en el diseño de personajes y en la historia de José Antonio Algarra), y con las ilustraciones siempre brillantes de Paco Gómez Páez. Desde el principio supimos que Paco no iba a limitarse a “acompañar” los textos: cada dibujo añadía capas de sentido, chistes escondidos y referencias que expandían el relato. La espera de cada viñeta era como abrir un regalo.

La llegada de Hércules y Miguel Ángel
Con el tiempo llegó la segunda gran etapa: Miguel Ángel se sumó al equipo, y decidimos que el siguiente arco narrativo sería un homenaje a los doce trabajos de Hércules. Si la primera parte tenía el aroma de la ciencia ficción clásica servida con un campero, la segunda nos llevó a un territorio híbrido: mito y parodia, aventura y sátira local.
Y aquí la prota es Victoria, la guía turística encargada de acompañar a Tichy en su odisea malagueña. Victoria encarna el ingenio y la paciencia de quienes lidian a diario con la precariedad y el despotismo de algunos jefes.
Crear en equipo
Trabajar en equipo ha sido, quizás, la parte más valiosa del proceso. Hay algo casi mágico en ver cómo cada uno aporta su voz y su talento: Dani con su humor preciso, Miguel Ángel con su mirada narrativa afilada, Paco con su lápiz siempre cómplice. Escribir solo tiene su encanto, pero crear a varias manos te obliga a soltar el control y confiar en que el resultado final será mejor que la suma de las partes.
Cada capítulo de Crónicas Malacitanas es, en cierto modo, una conversación prolongada entre los cuatro.
Publicar en El Observador
Llevar nuestras travesuras cómico-cósmicas a las páginas de El Observador es un privilegio. No hablamos solo de un medio digital: es una revista con una sólida tradición de periodismo, crítica y análisis cultural en Málaga. Queremos que el humor conserve su ligereza, pero que también dialogue con el contexto malagueño, con su historia y su presente.
Mirando hacia adelante
Hoy, al iniciar la tercera temporada, sentimos la misma mezcla de vértigo y entusiasmo del primer día. Seguiremos explorando el lado más insólito y del que se habla menos de Málaga,
Porque si algo nos ha enseñado Crónicas Malacitanas es que la imaginación, compartida, convierte cualquier lugar —incluso el más cotidiano— en un territorio épico.
Tichy, Victoria, Dani, Miguel Ángel, Paco y yo estamos preparados para otra tanda de aventuras.
Gracias a quienes habéis estado desde el principio y a quienes os unís ahora: vuestra curiosidad es el combustible que mantiene vivo este viaje.

Seguiremos publicando, capítulo a capítulo, en El Observador. Con cada entrega reafirmamos que la cultura también puede ser lúdica, que el humor no está reñido con el rigor, y que Málaga es un escenario perfecto para cualquier epopeya… incluso una que venga del espacio exterior.
