La academia de los nocturnos

Málaga

La Academia de los Nocturnos

Un taller deambulante de escritura por la ciudad. Casi siempre de noche.

La Academia de los Nocturnos
Velada fundadora

Barras y Letras: la mesa del fondo

Velada fundadora de La Academia de los Nocturnos

Hay escritores que no parecen hechos para los despachos, ni para las aulas, ni para las mesas demasiado limpias. Parecen pertenecer a otra clase de habitación: la mesa del fondo de un bar, la conversación medio oída, el vaso apoyado junto a una libreta, el personaje que entra para no volver todavía a su vida.

En esta primera cita de La Academia de los Nocturnos nos sentaremos alrededor de esa imagen: el bar como refugio, escenario, confesionario y pequeño teatro del mundo.

Esa noche nos sentaremos, a nuestra manera, con Dorothy Parker, Hemingway, Carson McCullers, Bolaño, Bukowski, Lucia Berlin, Juan Marsé, Guillermo López Vera y tantos otros escritores que entendieron que en los bares no solo se bebe: se espera, se escucha, se fracasa, se desea, se miente, se recuerda y, a veces, se empieza una historia.

La propuesta será sencilla: una noche de escritura, lectura y conversación en torno a los bares y a quienes los habitan. Escribiremos a partir de algunas consignas breves, leeremos de forma voluntaria y dejaremos que la mesa haga su trabajo.

También abriremos el Libro de los Nocturnos: quienes vengan por primera vez podrán recibir un seudónimo nocturno, si les apetece, y firmar con él los textos que compartan dentro de la Academia.

No hace falta experiencia previa. No hace falta traer un texto perfecto. Basta con venir con ganas de escribir, escuchar y formar parte, por una noche, de una pequeña conspiración literaria.

Fecha: sábado 27 de junio

Hora: 21:00

Lugar: Por confirmar (Málaga centro)

Precio: 25 € (una consumición incluida)

Plazas limitadas

La plaza queda reservada cuando el pago está confirmado.

Apuntarme
En qué consiste

¿Qué es La Academia de los Nocturnos?

Un taller deambulante de escritura que ocurre por la ciudad. Casi siempre de noche, porque la noche es nuestro territorio natural, pero también alguna tarde, algún sábado a media mañana, algún amanecer si la ocasión lo pide.

No tenemos aula, ni horarios fijos, ni grupo cerrado. Cada cierto tiempo proponemos una cita en algún lugar de Málaga: casi siempre un bar, a veces un cine, un teatro, una calle por la que dejarse caer sin demasiada prisa.

Vamos juntos, miramos, escuchamos, dejamos que algo ocurra. Antes o después de la actividad nos sentamos a leer lo que hemos ido escribiendo durante esos días. Algunas veces escribimos también ahí mismo, en una mesa al fondo, con la cerveza al lado. Otras solo leemos lo que cada uno ha traído de casa.

No enseñamos a escribir. Eso ya lo hacen muchos sitios, y muy bien. Aquí lo que hacemos es escribir juntos, en compañía y sin solemnidad.

Hay quien viene una sola noche porque le apetece probar. Hay quien viene a casi todas porque ha encontrado algo que estaba buscando sin saber qué era. Las dos cosas valen. La Academia es un grupo fluido, que se rehace cada vez, donde nadie tiene que comprometerse a nada que no le apetezca.

El calendario es irregular: puede haber varias citas en una misma semana y luego silencio durante unos días; a veces se avisa con tiempo y a veces casi sin previo aviso. Las plazas de cada encuentro son limitadas, porque escribir y leer entre desconocidos solo funciona si el grupo es pequeño.

Una herencia

¿Por qué nos llamamos así?

A finales del siglo XVI, un grupo de poetas y aficionados a las letras se reunía en Valencia, en casa del Conde de Carlet, para leerse versos los unos a los otros. Se hacían llamar la Academia de los Nocturnos, porque sus reuniones eran de noche, y cada miembro usaba un seudónimo que evocaba alguna cualidad o alguna sombra de la noche: Silencio, Tinieblas, Sueño, Estudio, Descuido, Horror, Tristeza, Soledad.

Dentro de la Academia, el nombre real quedaba en segundo plano. La máscara protegía y a la vez liberaba.

Cuatro siglos después, en Málaga, hemos recuperado el nombre y algunas de sus costumbres.

La parte práctica

Cómo funciona

Para enterarte de las próximas citas, lo más cómodo es estar en la comunidad de WhatsApp. Ahí anunciamos cuándo, dónde y qué se va a hacer cada vez.

No hay matrícula, ni cuota mensual, ni compromiso de continuidad. Vienes a las noches que te apetecen y pagas solo las noches a las que vienes.

Cada encuentro tiene una cuota fija, que se indica en la convocatoria. La plaza queda reservada cuando se completa el pago. Las entradas, consumiciones y otros gastos de cada actividad corren por cuenta de cada participante, salvo que se indique expresamente lo contrario.

Cada actividad tiene su propio grupo de WhatsApp, que se abre unos días antes del encuentro y se cierra unos días después.

El ritual

El ritual del nombre y el Libro de los Nocturnos

La primera vez que alguien viene a un encuentro de La Academia de los Nocturnos, saca de una pequeña bolsa su seudónimo. Es un nombre del universo nocturno, inspirado en aquellos seudónimos valencianos del XVI y ampliado con otros del mismo aire.

A partir de ese momento, mientras esté entre nosotros, ese es su nombre nocturno. Con él firma los textos que comparte. Con él se presenta cuando lee en voz alta. Quien prefiera mantener su nombre real, lo mantiene, sin más explicación.

El Libro de los Nocturnos es un cuaderno físico que llevamos a cada encuentro. Quien recibe su seudónimo puede apuntarlo allí, junto a la fecha de su primera noche. Con el tiempo, ese libro se va llenando de nombres, fechas y manos distintas.

Es la única memoria que guarda la Academia: lo demás se escribe, se lee y se va con la noche.

Quién lo lleva

Augusto López

Augusto López, una noche en Málaga

Trabajé de camarero en un bar de Málaga cuando tenía veintitantos años. Cerrábamos a las tres, recogíamos hasta las cuatro, y luego nos íbamos con los camareros de otros bares a un sitio donde cerrar la noche o abrir la mañana, según se mirase. Por las tardes, muy tarde, a veces me ponía a escribir algo. A veces no. Más adelante, además de servir copas, empecé a dar clases de español, y confieso que alguna vez fui a trabajar sin haber dormido. Con tres frases buenas en el bolsillo y la cabeza llena de gente y de historias que me habían contado.

De eso hace mucho. He cambiado de barrios, de bares, de horarios. Dejé de cerrar locales y empecé a abrirlos, en otro sentido: talleres, grupos, encuentros para que otros escribieran. Pero la noche siguió ahí, en los márgenes, como ese amigo al que no ves en meses y un día te lo cruzas en una esquina y retomáis la conversación donde la dejasteis.

Llevo veintitantos años dando talleres de escritura. He leído miles de relatos, he corregido cuadernos enteros, he visto aparecer escritores donde nadie lo esperaba. Tengo libros publicados y proyectos en marcha que se pueden mirar en otro sitio. Aquí eso importa menos.

Esto que monto ahora, La Academia de los Nocturnos, es lo que llevaba años queriendo hacer sin saber del todo cómo. Un sitio donde escribir no sea una tarea más entre las cosas serias de la vida, sino justo lo contrario: lo que pasa cuando el día se ha acabado, cuando la ciudad respira más despacio, cuando la barra del bar es un lugar legítimo para abrir el cuaderno. Si alguna de estas noches te apetece venir, ya sabes dónde encontrarme.

Para no perderte ninguna

Entra en la comunidad

Aquí se anuncian las próximas citas de La Academia de los Nocturnos. Cuando veas una convocatoria, miras la fecha y decides si te vienes.

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